Escobar, Buenos Aire, Tambo de vacas lecheras jersey, bebiendo agua.

El estrés calórico en la producción lechera: la prevención estratégica es la mejor opción

En Argentina, durante seis meses aproximadamente, el 70% del rodeo lechero bovino se encuentra expuesto en mayor o menor medida a los efectos adversos que ocasiona el estrés calórico.

Tomar medidas de prevención adecuadas y a tiempo para evitar el impacto del estrés calórico es la mejor herramienta de manejo en los tambos. Adecuación del ambiente y las instalaciones, adaptar las rutinas cotidianas del tambo y la oferta de agua y sombra a las vacas son acciones necesarias para prevenir los efectos adversos del estrés calórico en tambos independientemente de sistemas de producción y/o escala (semipastoriles o confinamiento).

En Argentina, durante seis meses aproximadamente, el 70% del rodeo lechero bovino se encuentra expuesto en mayor o menor medida a los efectos adversos que ocasiona el estrés calórico.

En la vaca lechera se produce en condiciones de calor excesivo, humedad relativa ambiente elevada (60%) y radiación solar intensa, y trae aparejados problemas sanitarios, reproductivos y una disminución del rendimiento en producción de leche, básicamente por menor consumo de alimento, que oscila en disminución entre un 20 y 30% y equivale a una pérdida de 1,5 a 2 kg leche/vaca/día.

Debe considerarse que la temperatura de confort para la vaca lechera, con un valor de humedad relativa ambiente razonable, oscila entre los 7 y 28° C. Si los valores de temperatura, humedad y viento cálido superan su límite de confort, la vaca tiene dificultad para disipar el calor corporal.

En este caso, se pueden observar signos clínicos del estrés calórico como jadeo, aumento de frecuencia respiratoria, hipertermia (temperatura mayor a 38,5°C), disminución de la rumia y signos subclínicos como menor consumo de alimentos, trastornos digestivos, inmunosupresión y en terneros de crianza artificial, también problemas respiratorios y/o digestivos. Los terneros nacidos durante época de estrés térmico sin ambientes controlados pueden sufrir problemas de salud.

La frecuencia respiratoria (si las vacas respiran más de 80 veces por minuto significa que sufren severamente estrés calórico) y la hipertermia resultan ser los dos indicadores fisiológicos o signos clínicos de la vaca que sufre estrés térmico.

Cuando el estrés calórico se prolonga en el tiempo, se puede observar además una disminución de los valores de producción de hasta un 20%, y problemas reproductivos tales como bajas tasas de preñezmortalidad embrionaria y menor fertilidad en las vacas. Esta situación relacionada con menor intensidad y duración de los celos y menores tasas de fertilidad global.

Las vacas del lote preparto, los lotes de alta producción y la crianza artificial son los más afectados por el calor y la humedad. Los animales jóvenes son más sensibles al calor. En la crianza artificial de terneras, también se detecta un aumento en la proporción de animales enfermos (terneros nacen más débiles y el postparto en las vacas se complica). El lote de vaca seca y corral de partos son punto crítico donde el confort es importante y prever los efectos del estrés calórico es esencial.

Al considerar que se aproximan meses de temperatura elevada, se recomienda a los productores lecheros el control y la prevención a través de proveer sombras, agua segura necesaria de bebida en bebederos suficientes y funcionales, alimentación e instalaciones adecuadas para minimizar los efectos del calor sobre la salud de las vacas.

También acordar los horarios cuando las vacas caminan al sol, modificar horarios de ordeñe y evitar arreos en horas de calor excesivo en algunas zonas del país (entre las 10 y 18 horas) relativos a la entrada y salida de las vacas a la sala de ordeño y coordinar con la industria las horas de retiro de la leche.

Algunas de las recomendaciones principales consisten en proveer a los animales de sombras estratégicamente ubicadas, en el corral de espera pre-ordeñe y los comederos (media sombra); ventilación adecuada en la sala de ordeñe, sea fija o móvil; agua en cantidad y calidad suficiente, contenida en bebederos con capacidad de satisfacer los requerimientos después de cada ordeñe (80 a 100 litros de agua por día en vacas de alta producción).

ALIMENTACIÓN

Se sugiere dietas que cubran los requerimientos nutricionales pero posean una baja actividad endógena fermentativa, a fin de reducir el calor producido en la digestión. Estas dietas son llamadas “dietas frías”.

La vaca con estrés calórico deprime su consumo voluntario de alimento y disminuye su producción lechera entre un 15 y un 20%. También es menor la “eficiencia alimenticia” o la capacidad de transformar alimento en leche.

Para evitar esta situación, se deben proveer dietas frescas con:

– Alta densidad energética por kg de materia seca.
– Bajo contenido de fibra detergente neutro (FDN).
– Provisión adecuada y suficiente de agua.
– Provisión adecuada de sodio (Na) y potasio (K) en la dieta.
– Uso de grasas protegidas y subproductos.

El objetivo nutricional de las dietas frías es adaptar la ración con disminución de alimentos fibrosos y aumentar los concentrados en energía.

SOMBRAS Y AIREACIÓN

Se recomienda evitar arreos durante las horas de mayor radiación solar y calor, básicamente horas de ordeñe y la provisión de:

– Sombra natural: árboles con protección perimetral.
– Sombra artificial: en corral de espera, en piquetes y sobre comederos.
– Aspersores y ventilación: en corral de espera, sala de ordeñe, sobre comederos y por ciclos. Ciclos de 30 a 45 minutos cada 3/4 horas (6 a 10 veces al día) de aspersión (30 segundos) seguidos de ventilación (4 a 5 minutos).

Una adecuada adaptación de las instalaciones, que proteja a los rodeos lecheros del calor excesivo, se traduce en una mejor calidad de vida y un mayor rendimiento productivo.

La oferta de agua bebida segura en cantidad suficiente y ubicados en bebederos íntegros, en correcto funcionamiento y funcionales en lo posible a la salida del ordeñe con reflujo de agua garantizado de acuerdo a la cantidad de vacas que consumen debe considerarse y monitorear su funcionamiento en forma permanente.

CONCLUSIONES Y PROPUESTAS

La principal propuesta es considerar el control de sistemas para prevenir las consecuencias del estrés calórico en el tambo como parte de un Programa Sanitario Preventivo.

Así, minimizar los efectos adversos del estrés calórico en vacas lecheras significa mejorar la producción, de la misma manera que desparasitar adecuadamente en la recría es ganar peso por día en las terneras y adelantar el momento del primer servicio a la vaquillona.

Sistemas de adecuación de instalaciones, provisión de sombra en lugares y a categorías del rodeo bien elegidas, sistemas de enfriamiento a través de una combinación de mojado, aspersión, aireación y ventilación forzada en sala de espera e instalaciones de ordeño y lote preparto, entre otros, acondicionar la provisión de agua, programar horarios de arreo en horarios sin sol extremo son herramientas de manejo de sanidad preventiva y producción efectiva para adecuar a cada sistema de producción lechera y escala.

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