Precios ganaderos y expectativas en un año de transición

Precios ganaderos y expectativas en un año de transición

El año electoral empieza a transcurrir, y las expectativas del inversor, en este caso las del productor ganadero, configuran un escenario que incide directamente en su proceso de toma de decisiones. No siempre las decisiones de invertir, vender y/o retener constituyen el producto de un proceso racional, sino que responden a un escenario enmarcado por esperanza y sensaciones.

Es así que el devengado de un año como el 2015 irá dejando a la vista conductas dinamizadas por expectativas condicionantes del curso normal del negocio ganadero, y consecuentemente del mercado de ganados y carnes entero. Las mismas, encontrarán como patrón de decisión la idea de una muy probable devaluación de la moneda una vez llegado el próximo gobierno. Esto último, el cambio cualitativo en la competitividad del sector vía tipo de cambio, así como por la posibilidad cierta y ya sugerida de presidenciables actuales de una eliminación de retenciones a la exportaciones de carnes (hoy 15%), constituyen causas fundamentales como para sustanciar la idea de un posible escenario con menor oferta para un 2016 de transición.

Las condiciones presentes, con precios agrícolas menguados, un maíz sensiblemente barato, y una hacienda de valores sostenidos, configuran incentivos para un retaceo en la oferta de terneros disponibles hoy y el próximo año, donde el feedlot que ya no solo compite con el invernador tradicional, sino también con el criador que hoy retiene y recría, reconoce un nuevo actor que se incorpora a la demanda, y que en dicho acto también debilita la oferta.

Menor oferta de terneros a la vista, una posible retención de vientres por expectativas productivas y de precios concebida, una demanda de carne interna (cultural y económicamente) sostenida, y una industria exportadora potencialmente oxigenada mediante menor presión fiscal y  recomposición cambiaria, podrían constituir las bases de dos fuerzas opuestas e insatisfechas, oferta y demanda, de terneros, novillos y carne, donde la variable de ajuste más inmediata volvería a ser el precio.

Ahora, tratando de llevar a números, y anclar las expectativas en un análisis racional y medible, resulta necesario destacar que la oferta de terneros de este año, según datos (aun preliminares) de organismos oficiales,  sufriría una disminución de cerca de 350.000 cabezas. Bajo dicha premisa, y contemplando una distribución de la matriz de engorde de (45% feed lot – 55% campo de categorías menores) se podría esperar un impacto casi simétrico en la oferta de gordos, tanto para el segundo semestre de 2015, como para el primero del 2016.

Por otro lado, y considerando que la productividad del rodeo nacional, como consecuencia de un mejor estado de los campos durante el servicio 2014/15 respecto del 2013/14, estarían arrojado indicadores de preñez que reviertan la caída del ciclo previo, la oferta de terneros para el primer año del próximo gobierno sólo se restringiría por las retenciones consecuentes de eventuales cambios en el clima de negocios y la consolidación de expectativas a mediano y largo plazo.

Asimismo, considerando para 2015 un pronóstico de producción de carne de 2.800.000 Tn, y suprimiéndole a la misma unas 200.000 Tn que se estiman probablemente exportables, es posible prever un saldo disponible (oferta) para consumo interno de 60 kg/hab./año, que podría traducirse en una leve mejora del consumo por habitante que para 2014 promedió 58,8 kg. En igual sentido, conscientes de los pronósticos esbozados por analistas privados, que hablan de una posible exportación de carne de 300.000 Tn. para el 2016, y frente a una rigidez esperable de la oferta, tendría que esperarse otra caída en el consumo/hab./año a sólo 56.6ks.

Si bien, dichas previsiones fundamentarían un escenario orientado al equilibrio del mercado basado en incrementos en el precio de la hacienda de cría, invernada, y faena, así como en la propia carne bovina, resultaría prudente incluir en el análisis las exigencias impuestas desde el punto de vista político al futuro gobierno.

Es así que desde nuestro lugar, si bien entendemos dichos argumentos como racionales causales de un posible incremento en los precios, ponemos el acento en la capacidad de recibir dicha mejora, fundamentalmente en los vientres, íntimamente más ligados a planteos de inversión de mediano y largo plazo. Dejamos sembrada la duda, respecto de iguales movimientos en precios reales (no solo nominales) de la hacienda vinculada a eslabones superiores de la cadena, fundamentalmente por el reducido margen de ajuste que el mercado internacional permitiría explicar de cara a futuro.

Todo análisis debería concebir como variable crítica la gradualidad necesaria para la adopción de políticas que en un año de transición puedan corroer la legitimidad de quien gobierne. Es bajo dicha premisa, que se encuentra relevancia en la duda sobre la eficacia y la concreta adopción de políticas de shock que frente al desorden provocado puedan convertir ilusiones y expectativas positivas, en desilusiones compartidas que conlleven conductas colectivas destructivas.

COMPARTIR
Share on FacebookTweet about this on Twitter