Una invitación a la prudencia…

Una invitación a la prudencia…

Analizando la coyuntura del sector ganadero, resultan insoslayables para la época del año, las expectativas que el mercado advierte respecto de la evolución del precio de la invernada, que si bien a priori puede explicarse como interacción entre oferta y demanda, el análisis se complejiza cuando dichas fuerzas económicas se pretenden analizar en forma desagregada.

Por el lado de la oferta, si bien podría responder en principio a la planificación empresaria, la misma dependerá de variables exógenas como las propias condiciones de los campos producto del clima, así como las limitaciones financieras que la realidad presente, todas entendidas como limitantes de la capacidad de maniobra agregada frente a la intención de eventuales retaceos de las cantidades ofrecidas en el arte de especular y procurar un aprovechamiento de las circunstancias.

Por otro lado, también actuará la demanda, que estará compuesta por actores con diferentes urgencias y capacidades, entre los que encontramos a los invernadores tradicionales, los feedlots profesionales, los feedlots caseros, los recriadores demandantes de terneros, y los matarifes que durante el año deberán garantizarse su provisión para la faena.

Todo lo dicho debe ser concebido bajo la premisa de que el negocio funciona bajo el concepto de cadena de valor, y en virtud de ello es que resulta fundamental entender que cada hecho resulta ser consecuencia de una multiplicidad de causas, que por lo general, encuentran su génesis en eslabones previos o posteriores de la  mencionada cadena.

Es así que se advierte que un concepto como el precio del ternero de invernada, debe ser entendido como una consecuencia de la interacción de voluntades e intereses de actores múltiples, y en función a ello es que nos interesa conocer las circunstancias particulares que enfrentan tanto los criadores, los invernadores, la industria y hasta el agro como proveedor de insumos.

Dicho esto, hoy destacamos que el Criador, como primer actor de la cadena de valor, se encuentra próximo a la culminación del ciclo de su negocio natural, ya que en las próximas semanas se iniciará la zafra donde la oferta de terneros marcará la estacionalidad de su negocio, y pondrá en evidencia los riesgos de vender en el curso de una curva de precios descendentes. Hoy, con precios actuales promedios de un ternero de 180Kg en 42$/Kg, partimos de un precio 2,5% inferior al verificado, en términos reales, hace un año atrás, por lo que será clave que el criador encuentre la manera de administrar en equilibradas dosis su oferta de invernada, tratando de evitar un efecto “puerta doce” que ponga en jaque, vía caída de precios, su resultado económico/financiero. Está clara la dificultad de dicha empresa, dado el estado de los campos por la seca, y en muchos casos los incendios, que acotaron significativamente la superficie disponible, condicionando seriamente la posibilidad de retener terneros, pudiendo incluso obligar al productor a adelantar la venta con menos kilos.

Ahora, viendo el lado de la demanda, resulta necesario mencionar que los feedlots actualmente con un 66% de ocupación, difícilmente convaliden valores deseables por el productor. Al menos los feedlots caseros vienen cerrando un ciclo claramente deficitario, pues tras haber comprado durante el último trimestre la invernada a casi 44 $/kg y vendido el ternero/novillito gordo recientemente a 37/36 $/Kg, según el planteo técnico utilizado, experimentaron quebrantos de entre U$S24 y U$S36 por cabeza según el caso.

tabla feedlot

 

Según lo dicho, claramente el feedlot, no será quien contribuya voluntariamente a la contención/consolidación del precio de la invernada. Mucho menos ahora que se observa un maíz que experimenta una tendencia creciente de su valor, siendo el costo de alimentación y el propio ternero el componente mayoritario en el costo de producción, y por ende, crítico en el resultado de su negocio.

Finalmente, queda la industria como componente de demanda de gordos, que a través de sus diferentes actores (matarifes y frigoríficos, de consumo y de exportación) podría significar determinante para el sostenimiento del precio del insumo de su eslabón anterior. Es aquí en donde se debería advertir la presencia de los matarifes que obligados a garantizarse su provisión de gordos, y al integrarse verticalmente y hacia atrás engordando invernada, terminen equilibrando la oferta con su propia demanda de terneros. En este último caso, y al igual que para las plantas frigoríficas consumeras, será crítica la evolución de la economía y su consecuente mercado interno, dependiendo para ello del ritmo que tome la inflación, y en qué medida las paritarias puedan imponer el incremento nominal de los salarios frente al aumento del nivel general de precios. Por otro lado, y en lo que respecta a la industria cárnica orientada a la exportación, representan impulsores interesantes, la mejora reciente el tipo de cambio experimentada en el último bimestre (+14,6%), así como la ampliación extraordinaria y por tiempo limitado (1 año) que hiciera el gobierno hace ya unos meses de los reintegros a la exportación de carne vacuna, llegando los mismos a 6,5%, y significando tan relevantes que en el último mes, eventuales atrasos en sus pagos, significaron para conocidos exportadores de carne a China, el principal argumento a la hora de explicar sus propios corrimientos en los plazos de pago comprometidos frente a sus proveedores de vacas.

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