Una mirada a la coyuntura desde nuestro lugar.

Una mirada a la coyuntura desde nuestro lugar.

Mirando integralmente la cadena de valor de la carne bovina, es posible afirmar que la realidad golpea de manera diferente a cada eslabón. Es así que resulta interesante destacar la forma en que en los últimos años fue migrando la renta en cada negocio particular según la posición que ocupaba en la cadena de valor,  fundamentalmente producto de cambios en factores exógenos y de difícil cobertura, como la sensibilidad al traslado de precios producto de variaciones del tipo del cambio, la asimétrica capacidad de respuesta y consecuente velocidad de ajuste entre costos y precios según el eslabón observado, factores climáticos extremos (secas / inundaciones), costos financieros crecientes desde valores incompatibles para la economía real, y posteriores rupturas en la cadena de pagos, viralizada hacia operadores de eslabones anteriores que operaban como proveedores de insumos en el proceso de agregado de valor de la cadena.

En tal sentido, encontramos en los niveles más primaros a la actividad de Cría, que si bien recogió las supuestas mieles de la valorización nominal de la vaca de conserva y de la vaca gorda producto del auge de las exportaciones a China, resulta importante destacar que en los últimos 44 meses (oct. 2015), estas experimentaron un incremento de 218% y 210% respectivamente, mientras que el precio nominal del Ternero de invernada 180/200kgs (S/Entre Surcos y Corrales) se incrementó un 190%, y que la inflación en idéntico período y según IPC-CABA fue de 236%. Si a esto se le agrega que el Índice de Insumos Ganaderos (Personal, pasturas, verdeos, silos de maíz, alambre, gasoil, etc. – s/Informe Ganadero) creció 271%, claramente queda demostrado que el criador fue sensiblemente afectado en su ecuación económica y en términos reales durante el transcurso de los últimos 44 meses.

Siguiendo con la noción de cadena de valor, y analizando el eslabón posterior a la Cría, es preciso mencionar que en los últimos años, y con la aparición de oportunidades ciertas para la exportación, empezó a ser ponderado con mayor peso el negocio de la recría, que en principio significó una caída en los niveles de faena verificados en categorías como terneros y novillitos, producto de la disminución de la oferta de invernada para los feed lots, traduciéndose también en cierta disrupción de los ciclos naturales que configuraban la estacionalidad de oferta y demanda de dicha categoría, y evidenciando consecuencias temporales en los precios de las mismas.

Ahora, dicho estadío de la cadena de valor (recría / invernada) tras la importante devaluación inducida por el gobierno nacional al salir del cepo cambiario (dic. 2015),  no solo se vio afectado desde un primer momento por el mayor letargo en el ajuste del precio del gordo (ventas del eslabón) respecto del ajuste, también lento pero más rápido, en el valor del ternero de invernada (costo variable y fundamental del negocio), sino también por el inmediato salto del precio de un insumo fundamental como el del Maíz, que a enero de 2016 ya se había incrementado un 61%, y que a la fecha lleva una apreciación acumulada de 550%. Seguidamente, y a los efectos de facilitar la interpretación del letargo mencionado en el ajuste de precios entre producto final e insumos, recurrimos al siguiente gráfico:

Respuesta asimetrica precios - devaluación

Tal como muestra el gráfico precedente, podemos advertir como el precio del novillo demandó 27 meses para ajustar el 42% perdido en dólares post devaluación inicial, mientras que el valor del ternero demandó 24 meses para lo mismo.

Ahora bien, dicho eslabón de la cadena, y fundamentalmente el feed lot, luego de dicha debilidad descripta en los primeros dos años del actual gobierno, debió afrontar otros flagelos comunes con la cría como una seca que dejó en jaque a todo el sector durante el 2018, dos nuevas corridas cambiarias, y la aparejada inflación que trajo como consecuencia inmediata una política monetaria del BCRA ferozmente contractiva que elevó la tasa de interés de referencia a valores nocivos para toda actividad de la economía real. Esto configuró la tormenta perfecta que terminó prendiendo luces de alerta sobre el riesgo crediticio asociado, producto de la esperable desaparición de recursos de financiación alternativos (descuento de cheques, tarjetas de crédito, descubiertos, etc.), un mayor requerimiento de deuda bancaria para cubrir déficits operativos, incrementos estratosféricos del costo financiero, y el serio compromiso de los flujos de fondos de disponibles producto de la mayor participación en estos de los compromisos bancarios mensuales. Lamentablemente, para fines de 2018 ya se empezaron a ver las consecuencias de dicha tormenta, mediante la aparición masiva de cheques rechazados suscriptos fundamentalmente por grandes engordadores a corral que viralizaron su riesgo por zonas geográficas enteras a través de sus proveedores de terneros livianos (pequeños y medianos productores zonales). (Existieron casos importantes en Provincia de Bs. As., centro/norte de Santa Fe, y norte del país).

Finalmente, y llegando al último eslabón de la cadena (Faena), resulta fundamental escindirlo para su análisis en dos fracciones de realidades muy distintas (Consumo y exportación). El consumo interno que actualmente absorbe el 73% de la carne producida, hoy exhibe una demanda fuertemente afectada en su poder de compra, producto de la situación económica actual que se evidencia en la debilidad e imposibilidad de ajustar por precio frente a una permanente disminución del consumo percápita anual promedio, actualmente en 50Kgs (con un mínimo para el mes de junio de 48kgs), y que en condiciones normales hubiera significado un fuerte incremento de precios de las carne y un mayor poder de compra de la industria, generando sin dudas un consecuente traslado de renta a los eslabones más primarios mediante la tracción de una demanda dispuesta a convalidar mejores precios. (Frente a un contexto inflacionario, ya hace meses que la hacienda con destino a consumo interno prácticamente no ajusta su precio).

Por el otro lado, y poniendo el foco en el negocio exportador, el panorama cambia sensiblemente, ya que dicho sector no solo fue favorecido por una mejora extraordinaria en su tipo de cambio neto específico (396% post devaluación y corrección de retenciones), sino que también enfrenta actualmente una demanda cada vez mayor. Hoy frente a una oferta de carne rígida y coyunturalmente en disminución, no tiene otra alternativa que competir con el consumo interno ganándole participación respecto a la proporción absorbida de la producción total de carnes. Actualmente la exportación se lleva el 27% de la misma. El sostenido incremento de la demanda China, ya significa un aumento de volúmenes y precios de las exportaciones a dicho destino, y explican hasta la fecha el único beneficio recibido por el criador mediante el sensible incremento  en el valor de sus ventas de vacas de descartes (210%). Por otro lado, también se alimentan expectativas por la reciente apertura de las exportaciones a EEUU (R&L, carne orgánica y Kosher), y por la promesa que significa el acuerdo al que llegaron recientemente los bloques del MERCOSUR y la UE, que de firmarse por los 28 países de la  UE y los 4 del MERCOSUR, a priori significaría sólo en la cuota Hilton, una reducción inmediata de los aranceles de exportación de 20% a 0%, que expresados en dinero, significarían inmediatamente U$S70 millones adicionales por año para la tracción de la cadena de valor nacional, y la traslación de renta consecuente hacia los eslabones más primarios.

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