Una mirada a la coyuntura desde nuestro lugar

Una mirada a la coyuntura desde nuestro lugar

En un intento cuasi utópico de mitigar la incertidumbre propia de un escenario tan convulsionado como el actual, donde la demanda de carne bovina pareciera haber iniciado un proceso de mutación y conversión forzada, resulta interesante destacar que dichos movimientos empezaron a darse fundamentalmente en términos cualitativos, aunque se descuenta como inevitable que los mismos también se reflejarán con el tiempo en su beta cuantitativa.

Ante dicha observación, resulta factible destacar una demanda doméstica de carne que por efecto cuarentena, primero experimentó un incremento focalizado en aquellos cortes de consumo familiar (Bola de lomo, cuadrada, nalga, peceto, etc.), cuando las familias compraron pretendiendo stockearse, pero que luego y por el efecto letargo del propio confinamiento social, podría empezar a acusar deterioros insalvables en su poder de compra.

En tal sentido, y procurando un análisis integral de la demanda de nuestra carne, pareciera indispensable destacar los cambios de roles entre los virtuales impulsores del consumo local, como también los de aquellos actores que puedan sostener y dinamizar la demanda de carne exportable.

Asimsimo, también resulta insoslayable desde el lado local, la precariedad en el punto de partida (pre crisis) de la economía nacional, (recesión, inflación, expectativas negativas en la evolución de variables económicas clave, y dura y sombría negociación de la deuda), condicionantes todos del grado de libertad, en términos de política monetaria y fiscal, del que el país dispone para hacer frente con éxito a los problemas económicos derivados de un fulminante shock en los sistemas de salud mundial ante la aparición del COVID-19.

Ahora bien, analizando la demanda de carne bovina podemos discriminar dichos impulsores como aquellos derivados del consumo interno, y aquellos destinos exportables que producto de la crisis sanitaria mundial fueron siendo afectados asimétricamente a lo largo del tiempo. Por ello, resulta factible destacar como foto de coyuntura una caída drástica y significativa de la demanda con destino a Europa y terceros países, y un reciente resurgimiento de China, que venía de una fuerte caída de sus importaciones de carne a fines del 2019 para recuperarse, al menos por ahora, en el 2020.

Hoy, la demanda de carne para exportación, vuelve a encontrarse liderada por China, que en el primer bimestre de 2020 experimentó un incremento de ventas de 41% respecto del mismo período del año anterior (2019), quedando nuestras exportaciones de carne fuertemente concentradas en cortes provenientes de vacas de calidad inferior, mientras que la virtual desaparición del consumo vinculado a Hotelería, restaurantes boutiques, y la oferta orientada al turismo en Europa, hoy dificultan la colocación de partidas de alto valor como aquellas con destino Hilton y cuota 481. Ergo, resultando consecuentemente un alto nivel de stock y de difícil venta a nivel local, de cortes como Bife angosto, cuadril, y lomo.

Asimismo, dichas mutaciones en el perfil de la demanda desde el punto de vista cualitativo, podrían impactar en el precio de las distintas categorías de hacienda de la cual se derivan los cortes pretendidos. Igualmente, y si bien en base a lo explicado en el párrafo anterior, resultaría natural esperar precios cada vez mas firmes en la vaca (buena, y  conserva), y un deterioro en el precio del novillo de exportación, no se pueden soslayar otros factores determinantes en la conformación del precio, como el estado de los campos, el régimen de lluvias, las restricciones de nuestra economía domestica para la adquisición de divisas, y la incertidumbre imperante que sigue posicionando la hacienda como alternativa concreta de conservación de valor. Hoy, la evidencia empírica indica que el valor del novillo expresado en moneda constante se ubica 3% por debajo del promedio verificado en los 14 años anteriores (2005 – 2019).

Por otro lado, siempre que no se implementen distorsiones artificiales en el precio provenientes de decisiones políticas, la demanda operará como principal impulsor de valor, resultando  interesante destacar como principal amenaza en el corto y mediano plazo, que el consumo se deteriore fuertemente producto de los esperados picos inflacionarios que concomitantes a caídas nominales en los salarios, devengan en catastróficas consecuencias en términos reales.

Ahora bien, poniendo el foco en la ecuación económica del negocio, y no solo en la demanda y sus posibles implicancias en el precio, entendemos fundamental que el mismo se analice en función al impacto que la coyuntura provoca en la estructura de costos de cada eslabón de la cadena, y en función a ello, nuestro análisis pone el acento en los siguientes factores a considerar como críticos en un horizonte temporal de corto plazo:

Invernada y Cría: Condición de los campos y régimen futuro de lluvias, costos de logística por restricciones artificiales para el movimiento futuro de hacienda, precio del maíz, y precio de la vaca de descarte.

Faena: Precio de subproductos (menudencias y cueros), problemas gremiales que dificulten la actividad de las plantas producto de un descontrol en el manejo de la crisis sanitaria (COVID-19), y posibilidad ofrecida por la coyuntura para la integración eficiente del precio final de la res (apertura o cierre de mercados alternativos).

Finalmente, y luego de haber destacado la relevancia del protagonismo ofrecido por China en la demanda de nuestras carnes exportables, entendemos de vital importancia que no se subestime el potencial de daño de dicho actor, así como su capacidad negociadora frente a la circunstancia, dado que ya mostró sus dientes en escenarios muchos mas equilibrados, habiendo dejado como resultado una fuerte caída en el precio de sus importaciones de carne (35% en un mes), y hasta la puesta en reconsideración de contratos preexistentes y ya firmados.

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